viernes, 18 de noviembre de 2011

El ocio resplandeciente de las universidades


Juan Guillermo Tejeda
Artista visual. Académico de la Universidad de Chile.

Lo más bonito de la universidad es que sea un espacio un poco ocioso y abierto, donde se pierde –o se gana– mucho el tiempo. En ese mundo podemos tratar con gente de diversas generaciones, y en cambio no hay ni verdades absolutas ni doctrinas oficiales.

De mi paso como estudiante universitario recuerdo sobre todo la conversación, las experiencias, la gente que conocí, los maestros o compañeros o afectos que tuve, y sobre todo el proceso mediante el cual fui descubriendo o potenciando capas hasta entonces inactivas de mí mismo. Entendemos así la dimensión del conocimiento y qué lugar modesto ocupamos en él.

Me tocó pasar exitosa o fracasadamente por cuatro facultades de tres universidades distintas, dos de ellas públicas. Estudié (es un decir) Arquitectura en la Universidad Católica, apenas unos meses; Filosofía –dos años de bruma– en el glorioso Instituto Pedagógico, Bellas Artes completa en la Universidad de Chile y finalmente un año y medio de Arte en la Escuela de Sant Jordi, en la Universidad de Barcelona, donde poco aporté y se me olvidó casi todo.

Siempre me ha gustado medir mis fuerzas, sentirme vivo y renovado en algo, acogido por una red de personas y situaciones, navegar en una ola de cambio durante meses o años, y cuando el ambiente se marchita pasar a otra cosa, aunque conserve algunas de esas relaciones para el resto de mi vida. No creo que a un libro haya que leerle todos los capítulos ni que a una carrera haya que seguirle todos los ramos, en una buena fiesta basta con haber estado un rato. Las experiencias desarrollan su curva natural, que es la que vale y está viva, lo demás son burocracias, alimentadas por la expectativa ilusoria de que las cosas en la vida “se completan”. La verdad es que vamos haciendo la vida día a día hasta que simplemente se extingue sin que sepamos por qué.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011

La miel del Panal

Carlos Ornelas*
Aunque es temprano para analizar el papel del Panal en las elecciones de Michoacán, parece que es ficticia la fuerza que muchos le atribuyen al Partido Nueva Alianza por su simbiosis con el SNTE. Cierto, en Michoacán los seguidores de Elba Esther Gordillo no hacen mayoría y la violencia campea en la entidad, por lo que era previsible que su legendaria "ingeniería electoral" no funcionaría con el empuje acostumbrado. Al final la señora Gordillo le falló al PAN y a la hermana del Presidente; no hubo tanta miel en el Panal.
La pregunta hoy es si todavía hay un partido o un candidato que acepte de aliada a la señora Gordillo a cambio de la Secretaría de Educación Pública, el ISSSTE y al menos 32 diputaciones federales, además de las otras dependencias que ya controla, como la Lotería Nacional.
El presidente Calderón está pagando los costos por haber confiado en ella y en su palabra; ella no cumple, recibe todos los bienes a cambio de muy poco. Es posible que el candidato presidencial que ahora apunta como favorito, Enrique Peña Nieto, esté repensando hacer un pacto con ella y el Panal. Quizá no la quiera de enemiga, pero dudo que ansíe pagar el precio que ella pide.
Tal vez en la cabeza de los estrategas del PRI (si es que tiene cuadros que se puedan catalogar como tales) naveguen ciertas ideas. Por ejemplo, si bien el Panal y el SNTE le pueden acarrear votos a los candidatos de ese partido; también lo pueden hacer en contra. El desprestigio pesa. Si la lleva como compañera, no sólo los maestros disidentes, que son enemigos jurados de la señora Gordillo, votarían en contra del PRI, también lo harían los segmentos sociales que se interesan por la educación.
No me refiero nada más al voto intuitivo, el de la ciudadanía descontenta, la que dice que ya basta de tanta corrupción y mala educación, que puede estar aislada y desorganizada. Pienso en el "círculo rojo" contra el SNTE y la señora Gordillo. La semana pasada, por ejemplo, durante el XI Congreso Nacional de Investigación Educativa, en muchas mesas se criticaba el hacer y deshacer del SNTE en la SEP y se hablaba de organizar el descontento. En algunas mesas se dio la bienvenida a la iniciativa que propuso Pedro Flores Crespo hace algunas semanas de promover un voto de castigo contra el Panal y quien se concuerde con él.
Más allá de ese círculo, la Coalición Ciudadana por la Educación, compuesta por intelectuales y activistas con experiencia en la movilización política, algunos provenientes de la Alianza Cívica, organizan una campaña de alcance nacional para elevar el costo político de quien busque a la señora Gordillo como aliada.
Sin embargo, puede ser que la ceguera o las ganas de seguir creyendo en el poder de manipulación de la señora Gordillo se afiance en las filas del PRI. Y, si gana las elecciones, la camarilla hegemónica del SNTE acaso apriete su control sobre la educación, al menos la básica. ¡Sería una desgracia nacional!Hay quienes piensan en el regreso del PRI a Los Pinos como si fuera a implantar una reacción termidoriana (porque -dicen- en el segmento de educación básica reina el terror) cuya misión principal sería vengar los agravios de que fue objeto desde el año 2000. El mundo no es tan sencillo, pienso. Los juegos del poder son complejos y los grupos e individuos buscan fortalecer sus intereses mas, con el fin de alcanzar ciertos fines, tienen que hacer pactos con otros grupos o personas, algunos hasta con el diablo.
Sostengo que hay materia suficiente para desplegar un programa político, de cara a las elecciones de 2012, que tenga como piedra angular recuperar la educación para beneficio de la nación. Hay que hacer pública a la educación pública, que ha sido privatizada por la camarilla hegemónica del SNTE.
Frente a los intereses de esa cuadrilla, habrá que imponer los principios de la nación. Hay que hacer saber a todos que la miel del Panal es amarga.
Retazos
Espero que el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, recupere pronto su salud y despache con normalidad en su puesto.
En mi artículo del 26 de octubre aseguré que Claudio X. González, presidente de Mexicanos Primero, lo era también de la Fundación Televisa. Pido disculpas por la mención, pero no tenía conocimiento de que ya había abandonado la Fundación.
*Académico de la UAM

jueves, 10 de noviembre de 2011

¡En defensa de la autonomía!

Humberto Muñoz García*


La defensa de la autonomía es, en la actualidad, el principal reto de las universidades públicas. Hay que insistir en ello porque en las universidades de Durango, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Sinaloa y Veracruz, recientemente, ha habido amenazas en su contra. La alerta proviene de lo dicho por el rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), doctor Enrique Fernández Fassnacht, en la entrevista realizada por el director de Campus, Jorge Medina Viedas, publicada la semana pasada.

Hay países donde la autonomía de las universidades no está sancionada en la ley suprema; los gobiernos la dan por hecho, y la respetan, en sus relaciones con las casas de estudio. En México, la autonomía universitaria aparece definida en la fracción siete del artículo tercero de la Constitución Política. Se otorgó de manera formal, por primera vez, en 1917, cuando el Congreso local decretó la creación de la Universidad de Michoacán.

En 1923, cuando se origina la Universidad de San Luis Potosí, el gobierno de la entidad decretó que sería una institución autónoma en lo que respecta a su funcionamiento interno. En 1929 se otorgó el carácter de autónoma a la Universidad Nacional de México. Hoy casi todas nuestras universidades han ganado la autonomía.

Estos antecedentes son importantes porque ha sido el gobierno el que estableció formalmente la autonomía para regular sus relaciones con las universidades públicas. Y han sido los gobiernos federal y estatales los que se han encargado de amenazarla y, en ocasiones, de violarla de manera flagrante.

La autonomía es fundamental para que las universidades no tengan ingerencias externas que quieran influir en el rumbo que se tracen. Es esencial para que las casas de estudio puedan fincar relaciones sanas con todos los públicos que en la sociedad se interesan por los resultados de su trabajo.

La autonomía garantiza que las universidades puedan esforzarse en dar una educación de la más alta calidad posible, dentro de sus condiciones y capacidades. La autonomía brinda la seguridad para que las universidades decidan qué y cómo enseñar, para elaborar sus planes y programas de estudio e investigar todo aquello que consideren importante conocer. Libertad de cátedra y de investigación, en suma.

También, la autonomía permite que las universidades se gobiernen por sus propias reglas. Por todo ello, dice el rector de la UAM, hay que “conservar el concepto de autonomía químicamente puro”.

En varios libros, resultado de proyectos de investigación del Seminario de Educación Superior de la UNAM, hemos tocado lo relativo a las relaciones de la universidad pública con el gobierno y el significado del carácter público y autónomo de nuestras universidades.

La revista Perfiles Educativos publicó un número especial con motivo del aniversario número ochenta de la autonomía de la UNAM. En estas publicaciones, y en otras, habíamos asentando los peligros y fragilidades de la autonomía en medio de políticas y actitudes de los gobiernos dirigidas al control político y académico de las universidades públicas.

La entrevista con el doctor Fernández Fassnacht ilustra, con toda claridad, algunos de los problemas que habíamos enunciado y analizado. El gobierno federal ha tratado de avanzar sobre la autonomía por medio de la rendición de cuentas orquestada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), desde donde pide regular y evaluar la vida académica de las instituciones.

En los centros públicos de investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), la Secretaría de Hacienda tiene representantes en los órganos de gobierno que intervienen en la evaluación de dichas instituciones, en ejercicios que se llevan a cabo varias veces al año, lo cual es un sinsentido dentro de las lógicas con las que avanza la academia.

Me ha tocado escuchar, debatir y estar en contra de la idea de que la evaluación a la docencia universitaria se lleve a cabo mediante la intervención de la Dirección General de Profesiones, la cual podría determinar la entrega de la cédula profesional a los egresados de una serie de carreras mediante un examen que mida su calidad.

Otros han argumentado que se haga por la vía del examen de egresados que aplica el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval). Tiene toda la razón el rector de la UAM. Por cualquiera de estas vías se atenta contra la autonomía.

Hay un punto más, de enorme relevancia, que toca el rector de la UAM. Los programas de concurso por fondos extraordinarios, que fragmentan los recursos económicos, que han sido los vehículos para introducir la competencia entre las instituciones —una competencia en la que no todos tienen las mismas condiciones para competir, donde el gobierno es juez y parte—, han sido el canal por el cual el gobierno federal ha podido intervenir en el rumbo académico de las instituciones, la vía causante de que los académicos tengan que estar llenando formatos anuales para poder hacer normalmente su trabajo.

Dos cosas salen de aquí. La necesidad de un cambio de óptica y de procedimientos para financiar a las casas de estudio y la idea de poner en marcha un sistema de evaluación institucional que rompa con la república de los indicadores.

El país requiere que se hagan cambios que dejen a las universidades hacer su papel para apoyar el desarrollo nacional y local. La buena educación superior y la creación científica florecen más y mejor en un régimen democrático.

Hay que poner en marcha políticas que dejen en libertad política y académica a las universidades, mediante un nuevo pacto social en el cual intervengan los rectores y las comunidades académicas, que deben poner especial atención a las políticas educativas y a lo que resulta de la becarización de nuestro trabajo.

Por lo pronto, en defensa de la autonomía, sería deseable que nos unamos a las ideas del rector Fernández Fassnacht.

* UNAM. Seminario de Educación Superior, IIS. Profesor de la FCPS. recillas@unam.mx

lunes, 31 de octubre de 2011

Hace 25 años el CEU

Roberto Rodríguez Gómez*

El 31 de octubre se cumplirán 25 años desde la creación del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), agrupación y movimiento de estudiantes de la UNAM que logró revertir las reformas impulsadas por el rector Jorge Carpizo MacGregor que establecían nuevos criterios en el régimen escolar de la institución, incluso la derogación del llamado “pase automático” del bachillerato a la licenciatura, así como cuotas por diversos servicios escolares.


Además de ver satisfechas sus demandas más urgentes, el movimiento estudiantil consiguió comprometer a la autoridad universitaria a la realización de un congreso general, en el que se revisarían, con toda amplitud, los diversos ángulos de la organización, el gobierno y las prácticas académicas de la UNAM, y se tomarían acuerdos para la renovación de aquellos aspectos en que finalmente coincidieron las fuerzas universitarias representadas. Luego de un laberíntico proceso de preparación, que transcurrió durante el primer periodo rectoral de José Sarukhán Kermez (1989-1997), el Congreso inició sus trabajos el 14 de mayo de 1990 y duró más de dos semanas. Algunas resoluciones se cumplieron, otras no, pero es indiscutible que el proceso en su conjunto marcó impronta en la historia de la universidad, y por ello vale la pena revisar, aunque sea superficialmente, algunos de sus rasgos.

El jurista Jorge Carpizo llegó a la Rectoría de la universidad de manera relativamente inesperada. El nuevo rector cumplía sin reservas los requisitos legales del cargo y contaba entonces con trayectoria académica y política suficientes para respaldar su candidatura. Sin embargo, todo apuntaba a la reelección del rector en funciones, el doctor Octavio Rivero Serrano quien, además de representar al gremio de los médicos universitarios, fracción que se había fortalecido políticamente en el periodo del rector Guillermo Soberón Acevedo (1973-1981), contaba al parecer con el respaldo del presidente Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) y con un amplio apoyo entre los directivos de la institución.

La administración de Rivero Serrano se había concentrado en desarrollar un minucioso plan de reformas, plasmado en los sesenta proyectos del “Plan rector de desarrollo institucional” concluido la víspera de su mandato. Para integrar el plan, el rector había seguido con toda puntualidad el modelo de planeación instaurado por el presidente De la Madrid, el denominado “sistema de planeación participativa”, para trazar una ruta sistemática de reformas que se buscaría desarrollar en un segundo periodo al frente de la institución. Pero la Junta de Gobierno de la universidad se decantó por la candidatura de Carpizo, probablemente porque ésta ofrecía posibilidades de transformación más efectivas, y sobre todo de corto plazo.

Desde el mismo inicio de su gestión, el rector Carpizo dejó en claro su intención de instrumentar las reformas que fuera necesario para que la universidad recuperara el perfil de una institución de “excelencia académica”. Cada año de su gestión presentó al Consejo Universitario una propuesta de programa. El correspondiente a 1985 se concentraba en la regularización de la planta académica universitaria, en particular la correspondiente al nivel de bachillerato, así como en la renovación del programa de superación académica vigente. El Programa 85, además, definía nuevas orientaciones del servicio social universitario, y planteaba la necesidad de actualizar las atribuciones y operación de los consejos técnicos de investigación. Ambos aspectos cristalizaron en reformas normativas. En septiembre de 1985 se aprobó, además, el reglamento de cátedras y estímulos especiales, instrumento que puede considerarse un antecedente relevante de la ruta hacia los programas de incentivos académicos que se desarrollaría años después en todo el sistema universitario del país.

En el Programa 86, presentado por el rector al iniciar ese año, se hacía notar la necesidad de incidir en la normativa escolar para robustecer el enfoque de “excelencia” planteado. Poco después, exactamente el 16 de abril se da a conocer un documento del rector con el título Fortaleza y debilidad de la UNAM: diagnóstico de la situación que guarda nuestra universidad, cuáles son sus aspectos positivos y cuáles son sus problemas. En apenas veinte cuartillas el rector dibuja el perfil de una institución que, a pesar de que mantiene una fuerza académica significativa, se encuentra desgastada, limitada y en algunos aspectos está agobiada por sus propios problemas. Se trata de una institución que, desde el punto de vista del rector, ha crecido desmesuradamente sin haber generado respuestas a la masificación, se ha burocratizado y se carece de herramientas para estimular la productividad académica. El régimen escolar favorece a los alumnos mediocres y no cuenta la institución con recursos suficientes para emprender un camino de mejora continua.

A partir de la publicación de Fortaleza y debilidad..., el rector Carpizo invita a toda la comunidad para que, antes del 31 de julio, exprese opiniones sobre ese diagnóstico “enviando por escrito sus propuestas a la Dirección General de Planeación”. La consulta se da por concluida el 31 de agosto aunque, en el ínterin, el rector había tenido ocasión de escuchar variadas muestras de disidencia con su diagnóstico de parte de estudiantes y académicos.

Del 11 al 12 de septiembre se lleva a cabo una larga de reunión del Consejo Universitario, las reuniones del colegiado en la gestión del rector se prolongaban hasta entrada la noche o la madrugada del día siguiente, y se da por aprobada la lista de reformas propuesta por la Rectoría, previamente revisada por las comisiones del Consejo. Los consejeros estudiantes presentes en la sesión objetaron la premura, ya que la mayoría de los integrantes del Consejo había recibido las iniciativas apenas unos días antes de la sesión. La Rectoría, mediante intervención ex officio del secretario del Consejo, el hoy rector José Narro Robles, acude al expediente de la “obvia resolución”, que faculta al órgano de gobierno a aprobar puntos de la agenda aun sin haberse cumplido el trámite de tiempo prescrito en el reglamento del Consejo.

En ese momento se inicia la movilización de estudiantes que conduciría, meses más tarde, al surgimiento del CEU, al diálogo entre estudiantes y autoridades y a la huelga universitaria del 19 de enero al 17 de febrero de 1987.

* UNAM. Instituto de Investigaciones Sociales. roberto@servidor.unam.mx
Tomado de: http://www.campusmilenio.com.mx/


miércoles, 19 de octubre de 2011

El mundo contra el neoliberalismo

María Herlinda Suárez Zozaya*

Desde que en los años ochenta los gobiernos de Ronald Reagan, en Estados Unidos, y Margaret Thatcher, en Gran Bretaña, decidieron que el principal adversario del capitalismo era el Estado de bienestar, el descontento social no ha dejado de manifestarse en prácticamente todos los países cuyos gobiernos abandonaron el compromiso de garantizar protección social a los ciudadanos.

Si bien en un primer momento, debido a las intensas campañas de los medios de comunicación, hubo quienes creyeron en la retórica de las virtudes del neoliberalismo que proclama que la imposición de la dura disciplina del mercado es la mejor vía para resolver los problemas de la sociedad y de los individuos, hoy los resultados de las políticas privatizadoras, los conflictos sociales originados y las reacciones de la población revelan que la opción de la construcción de una sociedad a partir de la exclusión de una parte importante de sí misma, resulta ineficaz y socialmente perversa.

Un hecho lo demuestra de forma contundente: después de más de 20 años, la única conquista que salta a la vista es el crecimiento de las tasas de beneficio neto de los empresarios.

Mientras “la dura disciplina del mercado” y las medidas de austeridad impuestas por los organismos internacionales, guardianes del neoliberalismo, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se han aplicado a todo lo que huele a social, los grandes capitales reciben fuertes y cuantiosos subsidios públicos.

Así, hoy no queda duda de que el neoliberalismo impuesto como forma de salvación del capitalismo lo que trajo consigo fue injusticia, aumento de la pobreza y de la desigualdad y, sobre todo, corrupción de los gobiernos. Como se sabe, la compañera inevitable de la corrupción es la violencia.

No es precisamente una casualidad que Estados Unidos, la mayor economía del mundo, se haya transformado del principal acreedor del planeta al principal deudor del orbe y que en este país se haya logrado modificar, de manera decisiva, la correlación de fuerzas entre el mercado y el Estado para así condicionar los grados de libertad que puede tener cualquier gobierno, del partido que sea, para animarse a llevar a cabo reformas y transformaciones en favor de lo social. Basta con observar lo que en la actualidad está aconteciendo al presidente estadunidense Barack Obama para ilustrar tal condicionamiento y la fuerza hegemónica del pensamiento neoliberal y su naturalización en el país más poderoso del mundo. Pero, hoy, el hecho de que prácticamente los otros países sean los que financian a Estados Unidos, ha provocado desestabilización.

Por su parte, las evidencias de que los gobiernos, las clases empresariales y los organismos internacionales anteponen las necesidades del mercado a las de los seres humanos y desprecian los costes sociales de su avidez irrefrenable de beneficios, han causado indignación, rechazo y franco repudio social a la forma de dominación asumida por el nuevo capitalismo. La revuelta es inevitable porque es ya una cuestión no sólo de dignidad, sino de supervivencia.

Desde mediados de los años noventa del siglo pasado ha aparecido en el escenario mundial un diluvio de movimientos sociales en contra del neoliberalismo y de sus promotores. En varios países del orbe han surgido manifestaciones cuyos principales protagonistas han sido actores sociales que construyen su identidad común desde el reclamo a la existencia digna y respetable, y desde su percepción y experiencias de desprecio y humillación a la que son sometidos por el poder corrupto, así como de la exclusión e invisibilidad a las que se les pretende condenar.

Podría decirse que quienes empezaron los movimientos sociales contra el neoliberalismo fueron los indígenas, precisamente en México, a partir del levantamiento zapatista, en 1994. Ellos fueron los primeros, porque desde el principio tuvieron claro que este modelo económico y político estaba empeorando las cosas para ellos.

Con diferentes matices, a partir de entonces, en distintos países, un sinnúmero de actores ha estado manifestándose contra el neoliberalismo: alumnos de secundaria, estudiantes de bachillerato y universitarios, rechazados de las instituciones educativas, dueños y deudores de viviendas, maestros, jubilados y pensionados, madres y padres de familia, trabajadores mal pagados, desempleados, inmigrados, víctimas de la inseguridad y la violencia, etcétera, etcétera.

De hecho, para estas fechas, en muchos países han aparecido Indignados, procedentes de toda gama de sectores sociales, que ocupan las calles y plazas de las ciudades para protestar contra la injusticia social y la corrupción política. Las consignas son, todas, contra el neoliberalismo, sus valores y consecuencias y proyecciones perversas.

Tomando como marco metafórico la fábula de Hans Christian Andersen El traje nuevo del emperador, podríamos decir que “el rey se ha quedado desnudo”. Es que, en fechas recientes, con la consigna Occupy Wall Street (Ocupar Wall Street), numerosos manifestantes se reúnen en el epicentro del poder del capitalismo financiero para denunciar que justamente ahí (Wall Street) está la representación desde donde se maquinan y emanan los imperativos y las perversidades del neoliberalismo.

Más importante aún: se ha revelado, ya con toda claridad, que los movimientos sociales que están apareciendo en el mundo están conectados por la determinación de poner fin a la hegemonía global de la ideología y economía neoliberal, y a la corrupción de las élites y de los políticos de los distintos países.

Quienes quieran expresar su adhesión a esta determinación y/o sumarse a la tarea de construir un movimiento social global contra el neoliberalismo pueden hacer clic en la siguiente dirección electrónica: http://www.avaaz.org/en/the_world_vs_wall_st. ¡Los invito!

* Investigadora del CRIM, profesora de la FCPS, miembro del Seminario de Educación Superior y del Seminario de Juventud de la UNAM.








lunes, 26 de septiembre de 2011

Recursos humanos: capacidad y orientación

Alejandro Canales*

Si en 1990 se encontraban en las instituciones de educación superior poco más de un millón de alumnos, en la actualidad suman casi tres millones de jóvenes. Un crecimiento notable de las dos décadas recientes. Sin embargo, el esfuerzo no solamente ha sido insuficiente, pues hoy sólo tres cada diez jóvenes del grupo de edad ocupan un lugar en las aulas universitarias, al parecer la orientación y formación ofrecida también ha sido limitada.
Desde mediados de los años noventa, buena parte de las energías del Estado mexicano para ampliar las oportunidades educativas de los jóvenes se ha concentrado en la creación de opciones tecnológicas. Los institutos tecnológicos, las universidades tecnológicas, politécnicas e interculturales han crecido exponencialmente, aunque la matrícula no ha seguido la misma tendencia.
La idea general tras el impulso a la oferta de estudios tecnológicos fue que al país le sobraban profesionistas liberales y le faltaban técnicos e ingenieros que ocuparan puestos de trabajo y se encargaran del progreso del país.

Efectivamente, a mediados de los años noventa, en el nivel de licenciatura, de la diez carreras más pobladas, cuatro concentraban casi dos terceras partes de la matrícula: contaduría, derecho, administración y medicina (en orden descendente). Después estaba ingeniería industrial y en décimo lugar, ingeniería civil; en las carreras restantes, las ciencias naturales y exactas tenían un volumen muy modesto.

Al concluir la administración anterior, la concentración de la matrícula persistía más o menos en las mismas cuatro profesiones, aunque derecho había saltado al primer sitio y en lugar de medicina apareció psicología. En el conjunto de las diez carreras más pobladas, ingeniería industrial conservó su quinto lugar, pero se agregaron ingeniería en sistemas computacionales, informática, educación y ciencias de la comunicación.

En 1990 la matrícula de licenciatura sumaba un millón 295 alumnos y de ese total, 62 por ciento cursaba estudios universitarios y el restante 38 por ciento, educación tecnológica.

La estimación para el ciclo escolar más reciente indica que la matrícula es de 2 millones 795 alumnos y los porcentajes de educación universitaria y tecnológica se conservan casi de la misma forma (63 y 37 por ciento, respectivamente). Es decir, en general se incrementó la matrícula, pero la participación relativa por sector no se modificó.

Hace algunas semanas, en este espacio y a propósito de la primera generación de ingenieros egresados de las universidades tecnológicas, comentamos sobre la matrícula de estas instituciones (Campus núm. 427). En particular, aludimos al equívoco del secretario de Educación Pública, incluso del mismo Ejecutivo federal, de confundirse con los datos para destacar el mayor volumen de técnicos superiores y de ingenieros.
En el reciente Quinto Informe de Gobierno, ya con cifras precisas, se destaca que en el año reciente se creó una veintena de instituciones: ocho institutos tecnológicos, seis universidades tecnológicas, cinco universidades politécnicas y dos universidades interculturales (p. 464). Además, puntualiza que en esta administración se han creado 96 nuevas instituciones de educación superior y otros 50 campus de universidades ya existentes.

De la matrícula de las universidades tecnológicas, el mismo informe anota que son 131 mil 182 alumnos inscritos en estas instituciones. De ese total, poco más de 100 mil cursan carreras de técnico superior universitario y los otros 31 mil han optado por cursar estudios de licenciatura o ingeniería (cerca de 15 mil).

Esto es, si se compara con los alrededor de 500 estudiantes que tenían estas instituciones cuando iniciaron funciones, es claro su incremento, aunque también su modesta proporción ante a la matrícula total y a la de ingeniería en particular.

Además, recientemente la fundación IDEA dio a conocer un estudio encargado por la Secretaría de Economía para explorar las necesidades de capital humano (Estudio de la oferta de recursos humanos críticos para el desarrollo de sectores prioritarios para la economía de México: hallazgos generales).

En el reporte se pone en tela de juicio si existe o no la cantidad suficiente de técnicos e ingenieros en México, pues señala que el número de egresados de ingenierías como porcentaje de la población es comparable al de países más avanzados.
No obstante, anota que una “gran parte trabaja en ocupaciones donde su nivel de preparación parece tener poca relevancia y su remuneración es menor de lo que podrían recibir en ocupaciones o puestos más relacionados con su educación”. Lo cual, señala el documento, podría “sugerir la presencia de un número excesivo de egresados de carreras de ingeniería en el país con respecto a las necesidades de la economía, y/o una falta de técnicos adecuadamente capacitados”.

Entonces, parece que después de dos décadas nuestro sistema creció mucho en términos absolutos, pero poco para los jóvenes demandantes y mal para las necesidades de la economía.

* UNAM-IISUE/SES.
canalesa@servidor.unam.mx

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martes, 14 de junio de 2011

¿Cómo las escuelas y facultades de educación pueden recuperar su papel en la política pública?



Importante contribución para entender los términos del debate actual sobre la incidencia de las escuelas y facultades de educación en el diseño y la deliberación de políticas públicas educacionales. Análisis de los nuevos y viejos actores que participan en este ámbito, las diversas formas de justificar su intervención y evaluar sus propuestas y el papel que pueden jugar las facultades de educación. A continuación del texto original en inglés, traducción automática al castellano proporcionada por0 Google.


How Education Schools Can Take Back Their Role in Policy
By Jeffrey R. Henig, The Chronicle of Higher Education, June 2, 2011

In recent years, education schools have been marginalized in the national education-policy debates. On the teaching side, they have been edged from their traditional central place by alternative training programs for teachers, principals, and district leaders. Most recently, education schools have been displaced by philanthropic and for-profit businesses that have become prominent players in an enterprise previously shaped by educators. Since education has become front-page news, the dominance of education schools in the field of education research has also been challenged by private research organizations and by renewed interest in education among scholars in academic disciplines such as economics and political science.

The marginalization of education schools has been partly based on legitimate criticisms about the weakness of rigor and training, and the narrowness of ideas, at some schools.


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viernes, 6 de mayo de 2011

Miente usted, señor Calderón



Epigmenio Carlos Ibarra
Milenio/6 de mayo de 2011

Había decidido no escribirle ni una carta más a través de este medio. Lo declarado por usted a Joaquín López-Dóriga el martes pasado y luego su mensaje a la nación del miércoles, en cadena nacional y en los horarios estelares de tv, me ha hecho cambiar de opinión.

Tenemos los ciudadanos —y en especial quienes ejercemos el oficio periodístico— no solamente el derecho, sino el deber de hacer contrapeso, en la medida de nuestras posibilidades, al poder y más cuando éste se ejerce con tan notoria y criminal ineptitud como usted lo hace.

Aunque usted y sus seguidores pretendan llevar el país hacia el pasado autoritario donde la palabra del presidente era prácticamente dogma de fe, lo cierto es que los tiempos han cambiado.

Si aspiramos a retomar el rumbo democrático, perdido cuando la traición de Vicente Fox le permitió a usted sentarse en la silla, no podemos ni debemos tolerar que nadie, escudándose en el cargo, en el que supuestamente está para servirnos y no para servirse de nosotros, mienta impunemente.

Sé que —como ha sucedido en el pasado— no habré de recibir respuesta de su parte y que esta nueva carta que le dirijo no tendrá, ni por asomo, la difusión tanto de la entrevista como del mensaje que usted dirigió a la nación, pero no puedo quedarme, ante los mismos, con la boca cerrada.

Ofende e indigna profundamente la ofensiva propagandística desatada por usted en la inminencia de la partida, desde la ciudad de Cuernavaca, de la marcha por la paz con justicia y dignidad convocada por Javier Sicilia.

No tuvo usted el recato y la prudencia de los que, quienes han convocado a la marcha y quienes en ella participan, han hecho gala. En lugar de esperar, callar y escuchar prefirió de nuevo la estridencia. Se lanzó así, como es su costumbre, al ataque, reafirmando la vocación autoritaria que lo caracteriza.

Ofende e indigna la forma en que pretende desvirtuar el creciente clamor ciudadano y su esfuerzo consistente por presentar ante la opinión pública, a la cual tiene usted acceso privilegiado, a quienes nos oponemos a su estrategia como cómplices del crimen organizado.

Ofende e indigna que en las actuales circunstancias se atreva usted a lanzar, en cadena nacional además, este tipo de acusaciones, incite, desde el poder al linchamiento, siembre la discordia, promueva el odio y ponga en riesgo la vida de tantos.

Se lo dije hace unas semanas aquí mismo y lo repito: juega usted con fuego, promueve con su discurso ahora la misma violencia que, sus erráticas acciones contra el narco, no han hecho sino escalar.

No hace usted, sin embargo, nada nuevo. Así llegó a sentarse en la silla. Así, por esta vía que usa de manera recurrente, llegaron al poder otros regímenes autoritarios; explotando el miedo en la gente, presentando a sus opositores y críticos como un “peligro para México”, invocando los más oscuros y primitivos instintos de sus partidarios y seguidores.

Si antes fue peligroso e irresponsable que usted actuara así, hoy es criminal que vuelva a hacerlo.

Ofende e indigna que se atreva a pedir “comprensión” cuando no ha sabido usted tenerla para los problemas que aquejan al país, las causas estructurales del narcotráfico, que ha dejado intocadas, y sobre todo para los sufrimientos de decenas de miles de personas cuyos seres queridos han muerto en esta guerra y a los que, sin mediar averiguación judicial alguna, ha criminalizado sistemáticamente.

Ofende e indigna que se atreva a pedir propuestas cuando sistemáticamente ha desoído las voces de expertos, instituciones académicas, organismos internacionales, gobiernos extranjeros que han insistido en la necesidad urgente de combatir de manera integral y no sólo mediante acciones de fuerza que solamente han fortalecido y radicalizado la violencia criminal de los cárteles de la droga.

Ni su estrategia de combate al narco es, señor Calderón, el “único camino” transitable para conseguir la paz y la seguridad en nuestro país ni, tampoco, quienes insistimos que ha de cambiarse con urgencia la misma pretendemos que el Estado se “eche para atrás” y ceda terreno al crimen organizado.

No queremos que el Estado renuncie a lo que constituye su tarea fundamental: la preservación de la paz y la seguridad de los ciudadanos. Es a usted a quien, en cumplimiento de un deber democrático y por la firme convicción de que con sus acciones ha conducido al país al abismo, a quien debemos atarle las manos.

Plantea usted una falsa disyuntiva. Mentira que quien no esté con usted esté contra México y a favor de que éste caiga en manos de los criminales. Mentira también que quienes nos oponemos a su “guerra” suframos de amnesia selectiva y olvidemos la responsabilidad de gobiernos anteriores al suyo.

Quien padece amnesia es usted, señor Calderón. Con el PRI, al amparo del cual floreció el narco en nuestro país, usted ha cogobernado todos estos años. De Vicente Fox, que permitió que el crimen organizado se apoderara de amplios segmentos del territorio nacional, recibió el poder.

A uno y a otro no ha hecho sino garantizarles impunidad. La misma que usted espera recibir de su sucesor; la misma que los ciudadanos, por la vía legal, habremos de negarle.

http://elcancerberodeulises.blogspot.com/






jueves, 5 de mayo de 2011

UACM: hora de definiciones

Armando Alcántara Santuario*

El asunto que generó el debate más fuerte fue la publicación de un desplegado firmado por la rectora, doctora Esther Orozco Orozco, en el cual señalaba una serie de fallas e irregularidades que entorpecían tanto la vida académica como la gestión institucional

Hace varias semanas, la crisis institucional por la que atraviesa la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) ha sido motivo de diversos análisis y comentarios de parte de especialistas e interesados en los asuntos de la enseñanza superior. Ella ocurre cuando dicha casa de estudios cumple su primera década de existencia.

Todo comenzó, como se sabe, con una enmienda al artículo 46 del Estatuto General Orgánico aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), relacionada con la renovación por un periodo más al cargo de rector. Sin embargo, lo que generó el debate más fuerte en el interior de la institución fue la publicación de un desplegado firmado por la rectora, doctora Esther Orozco Orozco, en algunos diarios de esta capital.
El tono autocrítico del documento señalaba una serie de fallas e irregularidades que, a juicio de la doctora Orozco, entorpecían tanto la vida académica como la gestión institucional. Lo publicado provocó un profundo malestar entre varios integrantes de la comunidad académica de la UACM, quienes de inmediato pidieron la destitución de la rectora. Incluso, el rector anterior (Manuel Pérez Rocha) entró a la polémica, al sentirse aludido por algunas partes del desplegado en cuestión.

Los detractores de la doctora Orozco han solicitado reiteradamente se celebre una sesión del Consejo Universitario, en la cual se pueda ventilar la crítica situación por la que atraviesa la universidad y tomar así las medidas conducentes para su resolución.

Por diversos motivos, esa sesión no se ha podido efectuar. Según se reportó en algunos diarios (La Jornada, 30/04/2011), el viernes 29 de abril no pudo instalarse la que estaba convocada, pues no contó con los votos necesarios para aprobar el orden del día. Todo esto pone de manifiesto, de inicio, las dificultades para iniciar el diálogo entre los diversos sectores de la UACM y construir los consensos necesarios para superar la crisis institucional en la cual se encuentra la universidad.

Lo que está en juego, evidentemente, es la viabilidad de una institución que se asume como muy diferente al resto de las instituciones públicas de educación superior del país.

Si bien los objetivos institucionales de la UACM —expresados en la página electrónica de la UACM, www.uacm.edu.mx— son “brindar educación del más alto nivel académico, consolidar un proyecto innovador de enseñanza, establecer un fuerte vínculo con la sociedad, y construir una comunidad académica sólida y autónoma”, los procedimientos de admisión, el desarrollo de sus programas académicos y sus niveles de eficiencia terminal son motivo de crítica por su aparente falta de rigor.

En el caso de los criterios de admisión, por ejemplo, la institución considera que todos los aspirantes tienen la misma oportunidad de ingresar. Dado que el cupo no permite que todos sean aceptados, se realiza un sorteo atestiguado por un notario público. Más aún, aquellos solicitantes no favorecidos en el primer periodo de solicitudes son considerados en lista de espera y tienen la posibilidad de ingresar en el siguiente ciclo, dependiendo de la capacidad existente.

El tema de la calidad o del nivel académico de la formación previa de los estudiantes que ingresan en condiciones diferentes a las del grueso de quienes deben aprobar un examen o concurso de admisión, ha sido motivo de grandes discusiones. Se enfrentan en ellas dos concepciones de la justicia social: los que consideran que es necesario aumentar la representación de los grupos más desfavorecidos de la población en las instituciones de educación superior, sin importar demasiado su nivel de preparación en el nivel anterior al que pretenden ingresar y, la otra, están quienes señalan que es injusto permitir el ingreso de aquellos que no tienen los conocimientos y las habilidades necesarias para realizar estudios superiores, pues dichas carencias les dificultarán terminarlos o entrar al mercado laboral en igualdad de condiciones en su formación profesional.

Estos debates se llevan a cabo en el marco de las llamadas políticas compensatorias e incluyentes, desarrolladas en varios países desde las décadas de los años sesenta y setenta, como es el caso de la llamada affirmative action (acción afirmativa) en Estados Unidos o, más recientemente, los programas para incorporar a los integrantes de minorías étnicas (negros e indígenas) en América Latina.

Si bien el tema de las políticas de admisión, permanencia, egreso y titulación de los estudiantes son sólo un elemento importante a tomar en cuenta en las discusiones que habrán de celebrarse en el Consejo Universitario, o en un congreso, el enorme reto para la comunidad de la UACM es, en primer lugar, evitar una fractura institucional que ponga en peligro la viabilidad de la universidad.

Pero también será necesario que al final del proceso —que ojalá sea del más alto nivel académico— la institución salga fortalecida y con ello pueda responder de la manera más adecuada a las necesidades y expectativas de los estudiantes y sus familias.

El cumplimiento de los objetivos y metas que se ha planteado la UACM y el novedoso modelo que pretende consolidar, dependerán del éxito de este necesario —y por ahora inevitable— ejercicio de autorreflexión. Quienes estudiamos la educación superior y pugnamos por el fortalecimiento de las universidades públicas estaremos pendientes de su desarrollo.

* IISUE-UNAM/SES.
aralsan@servidor.unam.mx
Tomado de: http://www.campusmilenio.com.mx/



martes, 3 de mayo de 2011

Camarillas

Carlos Ornelas *

La educación básica de México sufre de malformaciones severas. Su baja calidad se demuestra en todo tipo de evaluaciones, el rezago es una prueba de la inequidad que la afecta y su eficiencia es la más baja de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Incluso, es motivo de escándalo que se hereden o vendan las plazas de los maestros que pasan a retiro. Para intelectuales, periodistas e investigadores de la educación, la traba principal —y la causa de que no se puedan resolver los otros problemas— radica en la gobernación del sistema educativo.


Pienso que el asunto va más allá, que hay una fractura institucional de primera magnitud que llevó años de gestación y que hoy se manifiesta con toda crudeza. El gobierno de la educación básica está colonizado por una camarilla, que también domina en el SNTE.

Coloniza y vencerás
El concepto colonización es útil para ilustrar la escalada de las diversas camarillas del SNTE para asaltar el gobierno de la educación básica. Colonizar significa la intervención de un territorio por nacionales de otro país; los colonizadores se asientan e imponen su “cultura” al pueblo colonizado. Aquí no se trata de la colonización de un país, sino de una institución, nada más que en lugar de nacionales escríbase cuadros del sindicato. La colonización supone un cambio en la institución colonizada: segregación política (ser o no normalista, por ejemplo). Los fieles al SNTE se establecieron —y continúan en el proceso— en los segmentos medios y bajos de la burocracia del sector educativo.

Haciendo una extrapolación del texto clásico de Martin Carnoy (La educación como imperialismo cultural), el colonizador llega con poder al contexto colonial; él tiene el apoyo de grupos pudientes detrás de sí; el colonizado (la burocracia oficial) no tiene poder; si éste intenta luchar, es conquistado por otros medios o se le excluye (como le sucedió a Josefina Vázquez Mota).

Esta explicación psicológica otorga un sentido de superioridad a la fuerza colonizadora, así como orgullo, autoestima y lazos de solidaridad que se fundan más allá de las oficinas burocráticas; este sentimiento descuella más entre los miembros de una camarilla y en el trabajo político. En cambio, los burócratas modernizadores no comparten la “cultura” ni la “historia” de los colonizadores, ni tienen lazos de identidad que les permitan formar un espíritu de cuerpo. El segmento modernizador es un funcionariado de matriz tecnocrática que comenzó a ocupar puestos de control a partir del gobierno de Luis Echeverría; mas hay relevos frecuentes entre sus cuadros dirigentes. Ellos se concentran en áreas técnicas, de planeación y evaluación.

La colonización de la SEP y la educación básica de todo el país implicó la conformación de camarillas en el SNTE a las que el régimen de la Revolución mexicana les hizo concesiones políticas.

Camarillas y corporativismo
El empleo del vocablo camarilla insinúa a individuos que se coligan para proteger intereses ilegítimos dentro de alguna institución, no defienden una causa específica, aunque puedan utilizar cierta retórica con el fin de ganar adeptos. Me parece que camarilla tiene mayor poder explicativo que otros conceptos porque implica corrupción y juegos de poder ilegítimos que se institucionalizaron, como el SNTE en sus relaciones con la SEP y las autoridades de educación de los estados.

En la camarilla hay un jefe o cacique que establece las reglas del juego y las conductas que deben guardar sus miembros. En esos corros despuntan emociones como fidelidad al cabecilla (incluso se promueve el culto a su persona), defensa mutua, complicidades y vínculos de negocios con base en el gasto público.

Aunque no en exclusiva, mi argumentación descansa en los trabajos de Joy Langston, en especial, An Empirical View of the Political Groups in Mexico. The Camarillas. Dentro de alguna institución pueden coexistir varias camarillas que compiten por la supremacía y el control de los recursos, pero siempre hay una hegemónica. Habrá otras camarillas pequeñas, que comparten ciertos lazos de identidad con la dominante. En el sistema educativo aquéllas pueden ser subordinadas a la líder nacional del sindicato, Elba Esther Gordillo (como las de las secciones locales del SNTE, con rasgos de identidad territoriales) u oponerse a ella (como las diversas corrientes de maestros disidentes, en especial de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación).

Las camarillas sindicales se formaron desde los años treinta del siglo XX. A cambio de la subordinación política, la incorporación al partido oficial y el control de sus agremiados, el Estado les otorgó el monopolio de la representación laboral y política. Se consolidó un sistema político corporativo que, siguiendo a Philippe Schmitter, no renegó de la democracia formal, pero se constituyó en un régimen autoritario (cfr. “Democratic Theory and Neo-Corporatist Practice”, en Social Research). El nuevo corporativismo, para diferenciarlo del de raigambre priista, se adaptó a los cambios democráticos y al régimen de partidos, “se ha convertido en un mecanismo de negociación y extorsión que impide el desarrollo económico y político del país”, arguyen Luis Rubio y Edna Jaime (en El acertijo de la legitimidad).

Una brizna de historia
Con el fin de controlar al magisterio, desde mediados de los años cuarenta del siglo XX el gobierno federal comenzó a transferir al sindicato el reclutamiento y mecanismos de promoción de los maestros (el escalafón), que incluye la designación de los directores de escuelas, después la de supervisores y mandos bajos de la burocracia central y las agencias de la SEP en los estados.

En poco más de 66 años tres camarillas han dominado al SNTE, con jefes carismáticos al frente. Esos dirigentes ocuparon el puesto de secretario general por un solo periodo, debido a la cláusula de no reelección plasmada en el estatuto, disposición que la líder Elba Esther Gordillo derogó para elegirse presidenta del sindicato en 2004. El Consejo Nacional Extraordinario del sindicato extendió su periodo hasta cuando “ella lo considere conveniente”. Con esas reformas, la señora Gordillo institucionalizó su poder y amplió el de su camarilla.

Antes de Elba Esther Gordillo dos jefes de sus respectivas camarillas tuvieron el control del SNTE: Jesús Robles Martínez (1949-1972) y Carlos Jonguitud Barrios (1972-1989). Ambos acumularon poder y estatus económico, conquistaron fidelidades y colocaron a sus amigos y parientes en las “posiciones” que el PRI les otorgaba en recompensa por sus servicios al Estado, no tanto a la educación o a los maestros. Esos jefes diseñaron y consolidaron la estrategia de plazo largo para colonizar la administración educativa.

Para mediados de los ochenta los cuadros del SNTE manejaban casi toda la educación básica, incluyendo las delegaciones de la SEP en los estados. También controlaban las escuelas normales. La señora Gordillo sólo perfeccionó la estrategia.

El presidente Salinas, a sugerencia de Manuel Camacho, la designó secretaria general del CEN en abril de 1989. La señora Gordillo carecía de una base dentro del SNTE, mas con el apoyo de altos funcionarios negoció con todas las facciones, otorgó concesiones y puestos a ciertos grupos y personalidades disidentes y estrenó una oratoria ajena a las prácticas de los cabecillas anteriores. Ella aceptó —al menos en la retórica— el discurso del presidente Salinas.

Con el apoyo de los presidentes Salinas y, aunque a regañadientes, Zedillo, y con procedimientos aprendidos de sus predecesores, la señora Gordillo sentó las bases para convertirse en la nueva cacique. Ella interpretó con corrección la debilidad política del partido hegemónico y se preparó para mantener bajo su control la estructura del SNTE más allá de los gobiernos del PRI. Se acomodó al “gobierno del cambio” del presidente Vicente Fox, al mismo tiempo que ganaba espacios dentro del PRI.

La camarilla hegemónica
Parafraseando a Langston, arguyo que la camarilla hegemónica del SNTE es un grupo de docentes y de funcionarios adscritos por igual a las burocracias de los poderes ejecutivos, federal y estatal, a los partidos y puestos de representación política, así como una cantidad inmensa de comisionados en la jerarquía del sindicato. Esta camarilla se ha fortalecido a lo largo de dos décadas porque los presidentes en turno concedieron a su jefa más beneficios que a los líderes que la precedieron.

La camarilla trabaja, en primer lugar, para hacer progresar las carreras de sus miembros, que fomentan lazos de fidelidad a la líder, aunque se afilien a partidos con ideologías divergentes y aun antagónicas. El nexo fundamental en las relaciones de intercambio entre la jefa y sus subalternos se da como sigue: la señora Gordillo recibe del presidente —y los gobernadores de los estados— posiciones en el sector educativo y otras dependencias; ella las distribuye entre su gente, combinadas con favores y beneficios monetarios (compensaciones pagadas con fondos sindicales) para premiar la disciplina, el abasto de información y la fidelidad, o al menos asegurarse que los subordinados no se rebelarán contra los intereses de sus jefes inmediatos.

A la colonización, pienso, se deben todos los males de la educación nacional. No obstante, parafraseando al clásico, no tiene la culpa el SNTE, sino quien lo hace compadre.

* Carlos Ornelas. Profesor de educación y comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana.

Tomado de: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2099286


jueves, 28 de abril de 2011

Wael Ghonim y la revolución 2.0

Arturo Loría

Como cada año, la revista Time elige a las que, a su consideración, son las 100 personas más influyentes del mundo. Artistas, políticos, activistas, deportistas, investigadores, académicos, científicos o empresarios, son algunos de los personajes que figuran en la lista de este año.

Si se revisa la lista, el primero en aparecer en ella es Wael Ghonim, alguien poco conocido (en comparación con personajes como Oprah Winfrey o Michelle Obama), particularmente para aquellos que no estén familiarizados con la reciente revolución egipcia.

Nacido en Cairo, Egipto, en el seno de una familia de clase media, Ghonim se licenció en ingeniería informática en la Universidad del Cairo, obteniendo después una maestría en mercadotecnia y finanzas, de la que saldría con honores, por parte de la Universidad Americana del Cairo.

Desde antes de comenzar a estudiar, Ghonim ya estaba ayudando a lanzar uno de los sitios más visitados del mundo árabe: http://www.islamway.com. Durante los siguientes años, colaboraría con distintas empresas informáticas hasta que, en noviembre de 2008 entrara a trabajar a Google, como gerente de marketing del área destinada a medio oriente y norte de África, con oficinas en Google Egipto.

En 2011 abrió los espacios “Mi nombre es Khaled Said” y Todos somos Khaled Said”, hechos tras la muerte de un joven partícipe de las manifestaciones egipcias y que promovían la que es, tal vez, la principal ideología de Ghonim: la gente que murió por la revolución egipcia no eran terroristas ni enemigos de la nación, por el contrario, la gente involucrada con la revolución egipcia son personas que aman a su país.

Los espacios dedicados a Khaled Said fueron más allá del tributo y sirvieron como vehículo para las movilizaciones del pasado 25 de enero. Y fueron precisamente éstos, los causantes de la desaparición de Ghonim el 27 de enero.

Establecido ya en Dubai, Ghonim había pedido permiso en Google para ir a Egipto pues tenía “un problema personal” muy grave que tenía que atender de forma inmediata. El problema era la revolución en curso y vaya que era personal para el ciberactivista.

Su nivel de compromiso con la revolución egipcia quedó claro en la entrevista que Ghonim ofreció al canal de televisión Dream TV el siete de febrero pasado, día en que fue liberado.

Tras 48 horas sin dormir y sin haber comido, Ghonim se quebró frente a la presentadora Mona El-Shazly en una entrevista que, bajo otras circunstancias, hubiera parecido montaje televisivo. Pero las lágrimas de Ghonim no podían ser más auténticas.

Durante poco menos de 20 minutos, el activista narró lo que le había ocurrido y reiteraba desesperadamente dos cosas: “No somos traidores” y “Los héroes están afuera, son toda la gente que está marchando, que está haciendo algo, yo sólo estaba sentado detrás de un teclado escribiendo nombres”.

Lo más interesante de las declaraciones de Ghonim fue el hecho de que, su mayor tortura, fue la incomunicación. Según declaró a El-Shazly, la gente en prisión lo trató muy bien (“gente inteligente” los denominó el informático) y que en ningún momento lo torturaron o le hicieron algo, simplemente, lo mantuvieron incomunicado de su gente y de todo lo que estaba ocurriendo.

En ese momento Ghonim tal vez no se dio cuenta, pero expuso la que había sido su mayor tortura: la incomunicación, la falta de información.

Y es que si algo puede aprenderse del caso de Wael Ghonim es que la revolución en el siglo XXI se hace con y a través de la información. Él asegura que no hizo nada, comparado con el trabajo de la gente en las calles, sin embargo, sus espacios en las redes sociales ayudaron a que mucha de esa gente llegara a la calle.

El punto más crítico, tal vez, en la entrevista con Mona El-Shazly fue cuando, tras la catársis de Ghonim, comenzaron a aparecer en pantalla las imágenes de algunos de los jóvenes que habían muerto en las manifestaciones: era como si de repente, toda la información que el gobierno le había escondido a Ghonim apareciera en imágenes, una tras otra. Y entonces se quebró.

Su llanto, lleno de honestidad, se mantenía a la par de las imágenes proyectadas. Finalmente, Ghonim no pudo más: “Tengo que irme”, dijo con la voz entrecortada, y dejó el set.

La entrevista dio la vuelta al mundo y conmovió a muchos, pues el llanto de Ghonim representaba el de toda una nación que le enseñaba al mundo cómo se hace la revolución en el siglo XXI, con qué medios y de qué manera.

Si alguien se preguntaba cómo se hacían las revoluciones hoy en día, basta ver las declaraciones de Ghonim: “No es tiempo de dividir el pastel, no es momento de ideologías…”. Y más aún, como declaró en el programa 60 minutos: “Nuestra revolución es como Wikipedia (…), todo mundo contribuye al contenido, [pero] tú no conoces los nombres de quienes están contribuyendo. Esto es justo lo que pasó. La revolución 2.0 en Egipto fue justo de esta manera. Todos contribuyendo con pequeños pedazos y piezas. Hicimos este cuadro completo de la revolución. Y nadie es un héroe en esta imagen”.

Bienvenidos, pues, a la era de las Revoluciones 2.0.

Tomado de: http://homozapping.com.mx/


Lecciones de las TIC

Alejandro Canales*

En el año 2000, cuando se abría el horizonte del nuevo siglo y las transiciones en México todavía eran una promesa, parecía probable mejorar el sistema educativo. En ese entonces, el gobierno mexicano depósito en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) las esperanzas para impulsar los servicios públicos —el educativo incluido— y el bienestar de la población. Hoy, una década después, a las TIC ya no se les llama “nuevas” (antes se decía NTIC), pero en el ámbito educativo, tras ensayos costosos e inútiles, todavía no sabemos bien a bien qué hacer o cómo utilizar las TIC en los salones de clase. Tal vez, como sugiere un estudio del BID que se publicará próximamente, convendría no descuidar lo esencial: el papel del maestro.

La idea de llevar las TIC a los salones de clase, a gran escala, comenzó en la administración anterior. Por medio de Enciclomedia, un programa que arrancó en 2004, se buscó equipar a 20 mil aulas de quinto y sexto grados de primaria con una computadora, un proyector y un pizarrón interactivo. El contenido digitalizado de los libros de texto de esos grados era proyectado en pantalla y los niños podían revisar y/o enlazar el contenido con información más amplia (fotos, películas, visitas virtuales, etcétera). La idea subyacente era que tal experiencia generaría un aprendizaje más constructivo en los niños.
Las autoridades educativas, hacia el final del sexenio anterior, consideraron que Enciclomedia era el programa ideal y sin mayor debate dispusieron su expansión a todas las aulas de quinto y sexto grados de primaria del país y a la educación secundaria. Miles de aulas, cientos de miles de equipos y miles de millones de pesos involucrados.

Sin embargo, a la par del crecimiento de la iniciativa comenzaron a aflorar los problemas: la distribución del equipo, los proveedores beneficiados, la capacitación para manejar el programa, los procesos de licitación, el mantenimiento del equipo, la licencia del uso de software y, sobre todo, el impacto del programa en el aprendizaje de los niños.

Los cuestionamientos a Enciclomedia fueron en aumento. No obstante, el programa continuó su operación, dada la firma de contratos multianuales que comprometieron recursos y extendieron su vigencia hasta el actual sexenio. En 2008, con ciertas vacilaciones para determinar qué hacer con todo el equipo de Enciclomedia que está en las aulas y qué camino seguir para llevar las TIC a los salones de clase, las autoridades educativas anunciaron que habría una transición hacia un nuevo programa: Habilidades Digitales para Todos (HDT).

El nuevo programa, con ciertas ambigüedades sobre el modelo a seguir, también se propone contribuir a mejorar el aprendizaje de los estudiantes de educación básica mediante la utilización de las TIC en los salones de clase.

Según el tercer informe de gobierno, en el ciclo escolar 2008-2009 inició una fase experimental del Proyecto Aula Telemática (salones de uso exclusivo con computadoras o salones de clase equipados con computadoras) en una muestra de 200 escuelas secundarias, también se capacitó a mil 400 docentes y se distribuyeron 779 millones de pesos “para apoyar el desarrollo de los 32 Programas Estatales de Habilidades Digitales para Todos” (p. 476).

En el más reciente informe de gobierno, el de septiembre del año pasado, se advierte que se entregaron 345 millones de pesos a las entidades federativas para integrar HDT, equipar y conectar mil 325 aulas de secundarias generales —las cuales se sumarán a las 2 mil 775 ya existentes— y tienen previsto capacitar y certificar en el uso didáctico de las TIC a poco más de medio millón de profesores de educación básica entre este y el siguiente año (p. 455).

Es decir, el actual programa escala en sus dimensiones y nuevamente están involucrados cientos de miles de equipos y miles de millones de pesos. La experiencia con Enciclomedia, aparte de la necesaria transparencia en los procesos de licitación, debiera ser suficiente para mostrarnos que equipar aulas o alumnos no garantiza una mejora en el aprendizaje si no se acompaña de otros elementos. De hecho, sigue siendo materia de debate el efecto de las TIC en el ámbito de la educación.

El próximo mes, el BID publicará un estudio (Development connections. Unveiling the impact of new information technologies) en el cual presenta los resultados del empleo de las TIC en seis diferentes áreas sociales en América Latina y el Caribe, entre ellas la educación. Uno de sus principales hallazgos es que del total de proyectos educativos valorados, una proporción relativamente pequeña (14 por ciento) realmente se ha beneficiado del uso de las TIC. Y una de sus principales conclusiones es que habrá resultados escasos si no se atiende la capacitación de los profesores y el uso del software. Parece obvio: los dispositivos tecnológicos por sí mismos son insuficientes para mejorar la calidad educativa. ¿Es tan difícil de entender?

* UNAM-IISUE/SES.
canalesa@servidor.unam.mx






martes, 26 de abril de 2011

Última semana legislativa



Miguel Ángel Granados Chapa
Reforma/26 de abril de 2011

Ésta es la última semana del periodo de sesiones ordinarias de primavera de la LXI legislatura. Si mucho me apuran, podría aventurar que es también el tramo postrero de la legislatura misma. Es verdad que sólo en julio del año próximo se elegirá a los senadores y diputados de la LXII legislatura, que asumirá sus funciones el primero de septiembre de 2012. Por ello, a los actuales miembros del Congreso les restan dos periodos de sesiones ordinarias, el del otoño próximo, del primero de septiembre al 15 de diciembre, y el formalmente final, de primavera, del 1º de febrero al 30 de abril de 2012.

Pero cuando se reúnan de nuevo los legisladores, en septiembre próximo, su atención, energía y tiempo estarán concentrados en los procesos de elección de candidatos presidenciales. Esa circunstancia, y los intereses desatados en torno de ese suceso, dejarán en un segundo plano el trabajo legislativo propiamente dicho. Con un añadido más: Dos de los precandidatos presidenciales actúan ahora en las Cámaras, y en septiembre acaso habrán pedido licencia para contender por la postulación de sus partidos. Es el caso de la diputada Josefina Vázquez Mota y del senador Manlio Fabio Beltrones.

Si ganan la candidatura, habrán dejado atrás su presencia en el Congreso. Si no la obtienen y se reintegran a sus asientos, ya no serán lo que son hoy, y su capacidad de influir y de negociar habrá mermado considerablemente. Y si a estas alturas ha sido ardua labor lograr consensos para avanzar en materias que importan si no a los ciudadanos por lo menos a los grupos de poder y a las fracciones parlamentarias, entonces el grado de dificultad para ese propósito, en tales condiciones, habrá crecido de manera notoria. También cabe la posibilidad, sin embargo, de que en sentido opuesto al razonamiento anterior, las condiciones de la acción legislativa mejoren porque hayan sido removidos obstáculos como los que hoy se perciben, como el enfrentamiento o la escasa coordinación entre las dos bancadas del PRI en el Congreso.

Sea de ello lo que fuere, en estos días los diputados y senadores deberán desahogar una abundante agenda, donde hay pendientes de toda suerte. Sobresale por su relevancia, y porque en tratándose de enmiendas constitucionales se reclaman mayorías calificadas y la intervención de las legislaturas locales, la sólo por rutina llamada reforma política, que no lo es en sentido estricto, porque no forma un conjunto coherente dirigido a un cierto objetivo, sino sólo un agrupamiento de modificaciones para dar satisfacción, o aparentar que eso se hace, a los factores que intervienen en el proceso político respectivo.

Tal es el caso, prototípicamente de las candidaturas independientes. Las propuso, en el ya remoto diciembre de 2009 el presidente Calderón como parte de un paquete al que también se intentó motejar como reforma política. Carente de enhebramiento (casi como el atado de medidas en trance de aprobación ahora), en sus eslabones podía sin embargo percibirse una intención, la de cortejar a “los ciudadanos”, cuyo rechazo a los partidos quedaba abonado con ese conjunto de propuestas: iniciativa ciudadana, referéndum constitucional, etc.).

El Estado mexicano está obligado, adicionalmente, a legislar para establecer las candidaturas ciudadanas. Jorge G. Castañeda obtuvo en tal sentido un fallo de la Corte interamericana de justicia. Mas, como ocurre con otras sentencias de ese tribunal, las autoridades mexicanas proceden con doblez, pretendiendo que cumplen al mismo tiempo que mantienen las cosas como están. El acuerdo hasta este lunes, entre las bancadas que pueden reunir la mayoría es que la reforma constitucional respectiva entre en vigor en 2015, lo que impide que se practique en la sucesión presidencial del año próximo. Aunque el PAN se empeñaba a última hora en persuadir al PRI de establecer la nueva norma cuanto antes, de todas maneras se requiere que la legislación secundaria en efecto permita la participación directa de los ciudadanos al margen de los partidos. Pero ello supondría una remodelación completa del andamiaje institucional electoral, que descansa en el primordial papel de los partidos en el sistema de elecciones. Y los partidos no aceptarán suicidarse, perdiendo la exclusividad de la presentación de candidaturas.

Otra materia pendiente, que tiene implicaciones muy delicadas, es la ley de seguridad nacional. Respecto de ella ha habido disensos interiores en el PRI, principalmente porque el intento de legitimar la actuación militar en seguridad pública conlleva no sólo mantener privilegios como el fuero de guerra sino la creación de otros espacios de militarización inconvenientes. Algo peor que esa pretensión está perfilándose, si hemos de creer en la información obtenida por la reportera Jesusa Cervantes, que atribuye un súbito allanamiento ante las pretensiones castrenses a la amenaza de publicar expedientes negros de gobernadores que para impedirlo recomiendan a sus diputados avenirse. El amago habría procedido del Ejecutivo mismo como medida extrema para sacar avante una legislación que el Congreso ha mirado con renuencia. (Proceso, 24 de abril)

No se precisa enunciar cuán peligroso es que se consiga de ese modo la obsecuencia parlamentaria. Toda presión para legislar, más allá de la legítima persuasión política pone en riesgo la convivencia institucional, como también lo hace premiar con impunidad a presuntos delincuentes que los que en vez de tratar como interlocutores deberían ser castigados.

lunes, 25 de abril de 2011

Tuirán en la UNAM

Humberto Muñoz García*

El simpoisum “Adolescentes y juventud: de hoy al mañana” se llevó a cabo la semana pasada en la UNAM. El encuentro fue organizado por la Facultad de Psicología y por la Coordinación de la Investigación Científica. Durante dos días se examinaron los problemas de los jóvenes, que hoy aparecen intensamente en todo el orbe.

En África y América Latina, los jóvenes padecen un alto desempleo que, en efecto, no es privativo de estas dos zonas del mundo. Lo que es específico, tal vez, sea la vulnerabilidad en la cual se encuentran, lo cual vale la pena conocer y debatir para resolver problemas como éste.

Porque en muchos países de estas dos regiones, incluido el nuestro, no es difícil ligar la falta de oportunidades con hechos de violencia que afectan a los jóvenes.
En México, a los jóvenes los matan o los expulsan del territorio, y la intensidad del fenómeno es de tal magnitud que ha comenzado a surgir un movimiento en la sociedad civil, una vez más, cuya consigna es que se detenga la violencia en el país.

Para quienes creen que el problema radica en que los jóvenes son jóvenes, es prudente decirles que el problema no son ellos, sino la condición en la cual la sociedad los ha puesto.

En este marco tan complicado, los asistentes al Simposium tuvimos la oportunidad de escuchar la conferencia magistral dictada por el doctor Rodolfo Tuirán Gutiérrez, titulada “Los jóvenes mexicanos: Situación actual y desafíos futuros”. Por su importancia y por el carácter académico que le imprimió el subsecretario a su presentación (él es investigador), resaltaré algunas de las ideas y resultados que me llamaron la atención, los cuales valen la pena comentar y difundir a un público más amplio.

Respecto de la dinámica demográfica, mostró el cambio en la estructura de la población, que ha pasado de tener una forma piramidal a una morfología más abultada en el tramo de edad (12 a 29 años) que abarca a los jóvenes, lo cual se ha llamado el bono demográfico.

Entre 1980 y 2010, los jóvenes pasaron de 23.8 a 35.8 millones. Este dato es ilustrativo de la presión que el cambio demográfico le ha hecho a la estructura de oportunidades en la sociedad. “Nunca ha habido tantos jóvenes como ahora”, remarcó el ponente, y nunca ha habido tan pocas oportunidades para ellos.

El número de jóvenes empezará a caer en 2015. Por ello, en los próximos cuatro años, el país necesitará resolver muchos problemas educativos y de empleo para que los jóvenes, y con ellos la nación, puedan ir adelante. Arreglar el país para el cambio generacional será el principal desafío del próximo gobierno.

La situación de México no deja lugar a dudas sobre las desigualdades a las cuales se enfrentan los jóvenes. A la universidad asisten sólo 19 por ciento de jóvenes provenientes de los cuatro deciles de menor ingreso, comparado con 37 por ciento (casi el doble) de los que provienen de los dos deciles con más alto ingreso. Y sólo tres de cada diez jóvenes de la edad correspondiente están matriculados en una institución de educación superior.

Así pues, aquí hay un problema de distribución de la escolaridad que el subsecretario dejó claro en su conferencia. El otro, es que los jóvenes que trabajan (45 por ciento) reciben muy bajos salarios (menos de dos salarios mínimos).

Hace años, cuando el doctor Tuirán fue secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Población (Conapo), le leí un texto en el cual llamaba la atención sobre la magnitud tan grande que habían adquirido los jóvenes que no estudian ni trabajan.

Recientemente, el rector de la Universidad Nacional, el doctor José Narro Robles, fue quien, con todo el respaldo académico del Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM, enfocó y advirtió la delicadeza del asunto de los ninis. No pasó por alto que, en los editoriales de Campus, se han publicado resultados de investigación acerca de este grupo. En uno de ellos, por ejemplo, se registró que los ninis son, en su mayoría, mujeres.

En la ponencia que presentó el doctor Tuirán se develan más rasgos de los ninis. En Chiapas, Michoacán y Tabasco, el peso de estos jóvenes en el total alcanza a 1 de cada 4, aproximadamente. La mayoría de este grupo en la república (6/10) ha tenido alguna experiencia laboral previa. Sólo una fracción (14 por ciento) de quienes han o no trabajado, declararon estar disponibles para entrar a una ocupación, y en 60 por ciento de los casos los ninis son personas pobres.

La conferencia fue abundante en ideas e información, y de ella se deriva que entre los ninis hay una población, los más vulnerables, que merece ser atendida por las políticas públicas. Es importante para la sociedad y el gobierno que la UNAM, en voz de su rector, hiciera referencia al problema.

En la parte final de su exposición, el doctor Tuirán hizo una serie de señalamientos. Uno de ellos fue acerca de la necesidad de ampliar la cobertura de educación superior, para lo cual manejó cuatro escenarios y los costos que cada uno de ellos implicaría. Pero, finalmente, hay un acuerdo entre lo dicho por el subsecretario y lo que hemos señalado los universitarios, encabezados por el doctor Narro, para que en México se haga un esfuerzo extraordinario, de tal forma que la meta en 2019-2020 sea llegar a una cobertura de 50 por ciento.

Me parece, a título personal, que hay coincidencias claras entre lo dicho por el doctor Tuirán en su ponencia y algunos lineamientos declarados por el rector Narro Robles: hacer una política de Estado para la educación superior, y dar financiamiento adecuado a las necesidades de las instituciones educativas (que, según entiendo, la UNAM y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, ANUIES, han sugerido sea multianual).

Lo más interesante fue que el subsecretario llamó a establecer un nuevo contrato educacional. Es deseable que todos los rectores y las fuerzas que actúan en la educación superior prestaran atención a lo señalado, para que entre todos empujemos la idea. La presencia del subsecretario en la UNAM cobraría un mayor sentido para el porvenir inmediato de los jóvenes.

* UNAM. Seminario de Educación Superior, IIS. Profesor FCPS.
recillas@servidor.unam
Tomado de: http://www.campusmilenio.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=224:tuiran-en-la-unam&catid=39:opinion&Itemid=142

miércoles, 9 de marzo de 2011

De Tila Tequila a las Revueltas por las Redes Sociales en Medio Oriente y Wikileaks

Jenaro Villamil*

Apenas en octubre de 2007, hace menos de cuatro años, el personaje más conocido en las redes sociales era una perfecta desconocida con 1 millón 779 mil amigos en MySpace: Tila Tequila, mejor conocida como la “Madonna de My Space”. A sus 26 años y sin ningún atributo extraordinario más que su gran capacidad para hacerse de “amigos” en la red social, Tila Tequila ya era una celebridad de las redes sociales en Estados Unidos. En mayo de 2008, Tila Tequila superó los 3 millones de contactos.

En esa misma época, el fenómeno de la celebridad efímera de Tila Tequila era paralelo a la sensación generada por Second Life, un exitoso escaparate donde cada usuario podía quedarse una “vida paralela” de forma virtual: una nueva identidad generalmente gratificante, y una idea más estimulante de la sociedad de consumo o de la llamada “sociedad líquida”, teorizada por Zigmunt Bauman.

La sociedad líquida es una muestra de la posmodernidad: conexiones que son “relaciones virtuales”, a diferencia de las “verdaderas relaciones”, que son de fácil acceso y de fácil salida. Parecen sensatas, higiénicas, no reclaman más compromiso que el de “conectarse” a una red social.

Ese era el encanto de las nacientes “redes sociales” o Web 2.0. Para la misma época, un genio informático, antisocial y profundamente incapaz de entablar relaciones de afecto duradero, creó Facebook como una red de contactos que creció exponencialmente hasta llegar a sus 500 millones de usuarios actuales.

En paralelo, un hacker australiano, amigo del misterio y enemigo de los secretos a los que él no podía acceder, Julian Assange, creó junto con otros colegas el sitio de filtraciones informativas Wikileaks. De hacker, Assange se transformó rápidamente en activista de la sociedad de la información hasta generar el auténtico tsunami que vivimos desde finales de 2010 hasta estos meses.

También surgió una nueva red social, el Twitter, que en menos de un lustro de vida ha llegado a tener 200 millones de usuarios creando una auténtica sensación en el mundo occidental. Según el banco JPMorgan, Twitter, empresa creada por tres expertos en informática, vale ahora 3 mil 200 millones de euros.

En otras palabras, del mundo hegemónico del infoentretenimiento y de la sociedad del espectáculo, las redes sociales han pasado paulatinamente a formar parte de la sociedad de la información, hasta constituirse en plataformas que amenazan seriamente las relaciones tradicionales de control entre el poder político y la prensa y los medios electrónicos, especialmente las grandes cadenas televisivas.

Tres Reflexiones.

1.-La transformación de las redes sociales en medios de vivencias y emociones aparentes y banales a medios que inciden con mayor fuerza en las nuevas insurgencias sociales constituyen un fenómeno de crecimiento de audiencias deliberativas, típicas del tránsito del modelo analógico al modelo digital.

No significa que Facebook, Twitter, Youtube o Google dejen de estar dominado por la agenda de la sociedad del espectáculo, sino que precisamente por estar insertas en esta dinámica del escándalo, del alto impacto, han logrado crear también nuevas insurgencias donde nadie se lo esperaba.

Esta transformación no se ha hecho en el vacío. Sin la reverberancia y el impacto que los contenidos de las redes sociales han tenido en los medios tradicionales de la era de Guttemberg (la prensa) y de McLuhan (los medios electrónicos) no se podría explicar el crecimiento exponencial de su influencia.

2.-En Egipto y en Túnez y en menor medida en Libia y lo que se avecina en los países colindantes del mundo árabe, se ha dicho que el verdadero “ministro de la información” del movimiento de insurgencia es Facebook.

Antes de esto, Wikileaks y el Cablegate que develó una parte de la hipocresía del Departamento de Estado norteamericano frente a los regímenes autoritarios y cleptocráticos del mundo árabe, demostró que en la medida que surge información no controlada ni gestionada de la manera tradicional por el poder político y económico, se generan reacciones inesperadas.

En Túnez, la repercusión de los cables de Wikileaks fue tremenda. Uno de ellos confirmó que Estados Unidos sabía la corrupción de Leila Trabelsi, la esposa del presidente Ben Alí, mejor conocida como la Regenta de Cartago, un símbolo de los altos niveles de corrupción en ese país. Sus familiares, sus hijos, sus yernos se convirtieron en los reyes del tráfico ilegal y del crimen organizado, una especie de Marta Sahagún y de Raúl Salinas de Gortari juntos en un mismo personaje.

Lo mismo sucedió con la corrupción rampante de Hosni Mubarak, el dictador de los últimos 30 años de Egipto que se encubrió bajo el velo de “aliado funcional” de Estados Unidos y de Israel. Los egipcios sabían perfectamente los niveles de corrupción, pero no habían visto que este tema se ventilara en los medios que no estaban controlados por el régimen.

Los “juguetes” de la sociedad líquida occidental jugaron una travesura en las sociedades árabes. Fueron más allá de la evasión y la banalidad para transformarse en instrumentos de comunicación y rebelión.

3.-Frente a lo que está sucediendo en estos países y en otros de regímenes cerrados –como China o Cuba- ¿ha terminado la era de la televisión y de la sociedad del espectáculo? ¿En México podría suceder algo similar a lo que se vive en los países árabes?

Es muy pronto para cantar la victoria de los medios bidireccionales frente a la hegemonía de los medios unidireccionales. Sin embargo, es claro que transitamos de las sociedades petroleras, analógicas y patriarcales, a las sociedades digitales, convergentes y de audiencias deliberativas. Los ejércitos y los controles tradicionales del Big Brother podrán funcionar en países altamente monopolizados por la televisión como en México, pero van de salida y difícilmente exista reversa.

Estamos transitando de la era del Homo Viddens, tal como la teorizó Giovanni Sartori, a la era del Homo Zapping, de la búsqueda incesante de contenidos y a la generación de los contenidos mismos por aquellos que antes eran audiencias pasivas de la sociedad del espectáculo.

Podrán inventarnos nuevas Tilas Tequilas o escándalos distractores, pero el efecto de la pérdida de control tradicional de los candados de la información –la principal demostración de Wikileaks- generará nuevas formas y fórmulas de las redes sociales.

Esta historia apenas inicia.

* Texto de la conferencia ofrecida este lunes 7 de marzo en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.
Tomado de: http://homozapping.com.mx/2011/03/de-tila-tequila-a-las-revueltas-por-las-redes-sociales-en-medio-oriente-y-wikileaks/

Educación y desigualdad social, el ángulo político

Humberto Muñoz García*
recillas@servidor.unam.mx

En este artículo comento el decreto formulado por el presidente de la república el Día del Amor y la Amistad, mediante el cual se puede deducir del impuesto el pago de las colegiaturas en las escuelas privadas. Este decreto ha sido discutido por mis colegas en este suplemento y por periodistas de los medios electrónicos y de la prensa. Hay quienes han apoyado la medida, pero la mayor parte ha hablado de sus efectos negativos sobre el sistema educativo y sobre la sociedad en su conjunto. Aquí, lo que pretendo hacer es dar algunos argumentos más desde la perspectiva de la desigualdad social a la que, desde mi punto de vista, contribuye la medida presidencial.

La educación es una tarea de Estado: entrega habilidades y valores para la vida y para el ejercicio de la ciudadanía. Por ello, quién educa y cómo educa es esencial para la conducción de un país. La educación y quién la posee representan un factor de primer orden para impulsar el desarrollo y la transformación productiva con equidad. Obtener educación permite la movilidad social, el logro de un trabajo mejor remunerado y la realización en el mismo.

Por ello, quien no tiene acceso a la educación queda al margen, excluido de la dinámica social. Por ello, en los malos tiempos, cuando todo se achica y se restringen las posibilidades de vida, la educación se instala en el imaginario social como la tabla de salvación, particularmente para las generaciones que siguen. En los momentos de crisis, los sectores populares ven en el logro educativo una de sus pocas posibilidades para que los hijos salgan adelante.

En México, en el siglo XX, la disputa por la nación tuvo como centro la querella educativa. La querella contra la educación que imparte el Estado, contra los libros de texto gratuitos y por la obtención de títulos universitarios, fue planteada por los sectores de derecha en el país y por las clases medias, ansiosas de mantener su estatus social y sus privilegios. Pero también por sectores de derecha de la clase política, toda vez que la educación superior pública en México formó durante mucho tiempo a la élite del poder revolucionario, hasta que la tecnocracia se instaló en el poder del Estado e hizo cosas que favorecieron el triunfo del foxismo.

El gobierno decidió dejar de recibir una enorme cantidad de recursos económicos que quedarán en los bolsillos de quienes tienen más condiciones de pagar por su educación. Son el presidente y sus secretarios quienes están promoviendo la distinción en el seno de la sociedad.

Pero el punto va más allá. La medida presidencial va a generar que el sector privado de la educación abra primarias patito para que la clase media de bajo nivel mande a sus hijos a escuelas particulares en la idea de que son mejores que las públicas. El chiste es ampliar la oferta educativa, deprimir la educación pública, que el capital se reproduzca en el sector educativo y que se instale la idea en la sociedad de que la educación y el conocimiento se compran y se venden. Lo ideológico de la medida no es una ganancia marginal, es una cuestión central para el debate sobre el futuro del país. La educación es en esencia una cuestión política.

La medida del presidente Calderón fue tomada en la cultura del descontón político: el que pega primero pega dos veces. Es una medida que favorece electoralmente a su partido y amarra la protesta de los otros partidos, porque en su sano juicio ninguno va a reclamar para echarse encima a la clase media beneficiada con la medida; clase que está bien representada en el Estado de México donde habrá elecciones en julio.

La medida llega en un momento histórico en el que el futuro de los jóvenes mexicanos resulta preocupante porque, entre los 14 y los 18 años más de la mitad abandona sus estudios; porque entre los 15 y los 29 años hay millones que están rezagados en su escolaridad, que se enfrentan a un mercado de creciente credencialización y segmentación, donde tres de cada diez jóvenes no encuentran trabajo, entre otras cosas porque no han tenido oportunidades de estudio, donde la gran mayoría de los jóvenes restantes tienen muy malos empleos.

La medida del presidente favorece a quienes tienen la posibilidad de gastar en la educación de sus hijos, a los sectores sociales de más altos ingresos, que son quienes mayormente pagan escuelas privadas y alcanzan los más altos niveles de escolaridad. Los datos sobre las desigualdades educativas nos hablan de que las diferencias de escolaridad por deciles de ingreso se abrieron de manera considerable hasta 2002, cuando entre los más pobres el promedio de años de estudio llegó a 3.6 años, mientras que entre los más ricos fue de nivel universitario (13.3 años).

En 2006, entre los cinco y los 14 años asistía a la escuela 92.6 por ciento de los niños más pobres y 99.3 por ciento de los ubicados en las familias más ricas. Pero entre los 18 y los 29 años, iban a la escuela 5.8 por ciento de los más pobres y 35.4 por ciento de los más ricos.

Dijo el gobierno que deducir los pagos por colegiatura significaría dejar de recaudar 13 mil millones de pesos que se van a repartir entre las clases medias acomodadas y los más ricos. Pues bien habló el rector de la UNAM al referirse a que con la mitad de ese dinero se hubiera podido ampliar la cobertura de educación superior en el sector público, y que con la mitad de esos recursos se hubiera podido eliminar el analfabetismo en cuatro años.

No. Los intereses de las mayorías no están representados por los políticos que nos gobiernan. No les importa la educación ni, por tanto, el país.

El presidente Calderón, quien desea que no regrese el PRI a los Pinos, tomó una medida que la da a la oposición una bandera espléndida para movilizar al sector popular y a los jóvenes que luchan para que no les mutilen su futuro. Una desigualdad social tan profunda, con masas en condiciones de pobreza y jóvenes sin expectativas de progreso es una fórmula políticamente explosiva. Allá él. La querella por la educación continúa, pero ahora desde el otro lado.

* UNAM: Seminario de Educación Superior, IIS. Profesor de la FCPS.
Tomado de: http://www.campusmilenio.com.mx/404/textos/opinion_humberto_munoz.html

viernes, 21 de enero de 2011

Un peligro para México

Epigmenio Carlos Ibarra
Milenio/21 de enero de 2011


Se presentó como el hombre que podía conjurarlo y en realidad lo atrajo. Sembró Felipe Calderón Hinojosa el miedo y la discordia, anunciándolo como inminente para acceder al poder y hoy, cuando su mandato agoniza, ese peligro del que pretendía “salvar al país”, más que un lema propagandístico, un instrumento de la guerra sucia electoral, es una realidad multiforme y fuera de control que pone en entredicho a la, ya de por sí, maltrecha democracia mexicana.

Balas, trampas desde el poder y de los distintos actores políticos, aparición de nuevos e indeseados protagonistas, injerencia indebida y creciente de los poderes fácticos se ciernen sobre los próximos comicios en los estados, enturbiándolos y marcan, desde ya, lo que se anuncia como un complicado proceso de sucesión presidencial.

Nada más sagrado que la paz y nada más precario e inestable. No ha dado la democracia resultados, lo que la vuelve sólida y rentable para los pueblos y, además, desde 2006, hasta como coartada parece haber desaparecido para muchos millones de mexicanos.

¿Cuánta tensión más aguanta la cuerda? ¿Cuánto desencanto acumulado, cuántos agravios, cuántas traiciones de una clase política que ha crecido dando la espalda a la gente puede resistir el país? ¿Hasta cuándo mantener la democracia, esa democracia que de poco ha servido, en lugar de irse por el camino —aparentemente efectivo— del autoritarismo, de la mano dura?

Ya se jugó con fuego en 1988 y después en 2006 y entonces la violencia aún no se salía de madre en el país. Hoy sobran los hombres armados por todos lados y campean el miedo y la zozobra. Nuevos poderes, el del fusil criminal por un lado, el de los jefes de los miles de soldados desplegados a lo largo y ancho del país por el otro, se aprestan a reclamar su participación en las elecciones.

Impone el narco, con atentados, masacres y bloqueos, su poder de veto sobre candidatos y partidos. Con plata penetra donde puede. Con plomo donde se le resisten. Vota con balas, determina el comportamiento de los electores por el terror. Es la muerte ejemplar su forma de proselitismo.

Tampoco puede ignorarse que, desplegado casi en su totalidad, factor esencial de la lucha contra el crimen y de la precaria estabilidad del Estado mexicano el Ejército, que por tantos años se mantuvo fuera de la política activa, adquiere hoy un protagonismo que la virulencia de la acción criminal y los desaciertos gubernamentales no han hecho sino acrecentar.

Ninguna democracia latinoamericana sale bien librada cuando en su camino se cruzan los generales. Menos todavía si esta democracia y ese Ejército son tan cercanos y dependientes de Washington y representan, hasta cierto punto, la primera línea de defensa del país más poderoso de la tierra.

País que, por cierto y a pesar de que desde ahí nos llegan los dólares y las armas y es ahí donde va la droga que tanta sangre produce en México, no habrá de quedarse con los brazos cruzados ante los comicios presidenciales. Lo del “Estado fallido” y los deslices de Hillary es apenas el comienzo. Votaran los estadunidenses en nuestro país con sus dólares, el Plan Mérida y también, claro, con los asuntos migratorios.

Malas noticias para la democracia que las elecciones se celebren en una situación tan inestable y explosiva. Peores que al protagonismo de los actores del conflicto armado en los procesos democráticos se sume, desmandada, la de los poderes fácticos que se aprestan a pasar la factura a un gobierno que se debe a su apoyo.

Envalentonada la alta jerarquía eclesiástica viene por sus fueros. Nada la contiene; ni la Constitución, ni los medios, ni la clase política, menos todavía el gobierno federal, su deudor y para el que el laicismo es el indeseable lastre ideológico de los liberales.

La virulencia de su discurso, el descaro de los prelados no hace sino crecer en la medida en que se acerca la contienda decisiva. Curas, obispos y cardenales hacen su juego; satanizan a sus enemigos ideológicos con los viejos argumentos de la cruzada anticomunista, incitan al linchamiento de sus adversarios y caen continuamente en la tentación de convocar a una nueva Cristiada.

Y si la Iglesia actúa impunemente peor hacen los barones del dinero y los dueños de los grandes medios electrónicos. Acreedores se saben de un gobernante que solo gracias a ellos llegó al poder y sólo gracias a ellos se mantiene en él. Hoy pasan también la factura a Calderón y al PAN al tiempo que hacen sus apuestas propias.

Y como a río revuelto ganancia de acreedores, también Elba Esther y su sindicato se presentan a cobrar los favores de 2006. En las escuelas los maestros del Panal, sin contención como la Iglesia, hacen campaña. Otros sectores habrá que, rotos los diques legales y con el mismo descaro, comiencen muy pronto a moverse.

Lo cierto, pues, es que en este ambiente enrarecido, sin árbitros, ni instituciones sólidas, México y su democracia navegan a la deriva. Ya está aquí ese peligro que Felipe Calderón anunciaba; con él llegó pero, desgraciadamente, no habrá de desaparecer con él cuando se vaya.

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