miércoles, 7 de octubre de 2009

Desarrollo humano en México

Magdy Martínez Solimán
El Universal/7 de octubre de 2009

El desarrollo humano ha sido definido como la fase superior del desarrollo, la combinación entre progreso económico y social, libertad individual y prosperidad colectiva. Es una aspiración, y para alcanzarla hay que medir. Sólo se cuenta lo que cuenta. El índice de desarrollo humano brinda los números del bienestar relativo y de los rezagos. El informe ofrece su relato de las vidas detrás de las cifras. Y esas vidas, en el mundo y en México, son muy diferentes en calidad y en libertad, porque el mundo es desigual, como lo es México también.
El Informe de Desarrollo Humano 2009 anota que mientras 50 países retrocedían, México ha ganado un puesto. Se debe esta subida a mayores ingresos promedio y a una mejora en la alfabetización de los adultos. México está 10 puestos por encima de su promedio en esperanza de vida y 20 por encima en desnutrición de menores de cinco años. Pero el país acumula rezagos en igualdad de género y en esperanza de vida, así como en alfabetización de adultas o escolarización de las niñas, y también en la representación política de las mujeres.
Hace escasos días tuve ocasión de pronunciarme en contra de que las candidatas electas diputadas cedan sus espacios políticos a suplentes varones, algo que no contribuirá a mejorar la consideración de las mexicanas sobre la política. México, a pesar de un crecimiento moderado, ha venido progresando en la disminución de la desigualdad y el rescate de millones de la pobreza, hasta que se produjo el impacto de las crisis. Volviendo un poco la vista atrás, desde 1980 el país ha transitado de un desarrollo humano medio, a consolidarse entre el 25% de las naciones con un desarrollo humano alto.
Todos los informes sobre el desarrollo humano tienen un enfoque especial. El de este año es la movilidad humana, que como sus asentamientos son la historia de nuestra especie. El informe rompe esquemas y pone en tela de juicio muchos estereotipos. Uno que esperamos enterrar es aquel según el cual los migrantes tienen efectos negativos sobre los trabajadores locales con habilidades similares. Los migrantes ni quitan empleos ni bajan salarios. Aumentan el producto económico de la zona adonde llegan y dan más de lo que reciben. Es en tiempos de recesión cuando las reacciones se tornan más complejas. Una crisis de empleo es muy desfavorable para los migrantes, ya que su perfil es el más vulnerable a la recesión. Datos del mes pasado en mi país, España, apuntan a 18% de desempleo y a 30% de paro entre los extranjeros. Desde el PNUD hemos recomendado que se dé la oportunidad de buscar empleo tras un despido, y en su caso, se garantice un retorno digno y sin atropellos. Y hablando de atropellos, debemos erradicar los inmensos peligros para las mujeres. Ellas son la mitad de los migrantes, remiten una parte más generosa de sus ingresos a sus familias que los migrantes varones, pero sufren más abusos y riesgos. México tiene un especial deber de cuidado respecto del fenómeno de la trata, un deber que se está esforzando en honrar con políticas de vigilancia y asistencia en su frontera sur, bajo el liderazgo del gobernador de Chiapas, tratando de hacer de la zona sur una frontera amiga y de lucha contra la pobreza, incluyendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio en la Constitución del estado.
Recomendamos en el informe que más trabajadores puedan emigrar, si lo desean; recomendamos proteger a los trabajadores migrantes con cualificaciones para el trabajo manual, ya que son más vulnerables en la emigración que estudiantes y profesionales; exigimos proteger los derechos de los emigrados, sus hijos e hijas, sus familias y su cultura. Demandamos que las condiciones laborales sean de este siglo, que haya derecho a sindicación, que no se discrimine ni explote con salarios de hambre y horarios de vergüenza. Los migrantes con sida deben ser atendidos, no deportados. Reconocemos que al fin y a la postre, la mejor política migratoria es el desarrollo local.
No podríamos abordar el tema de las migraciones en México sin indicar que entre este país y Estados Unidos se da el flujo migratorio bilateral más importante del mundo. Premiar con la regularización a los migrantes que se la ganen con su esfuerzo y buen hacer parece ser la única política razonable. La migración no es un problema de seguridad, sino una política pública que debe ser pactada. Si bien hay sombras, hay también buenas noticias: se aplauden las políticas migratorias de Filipinas, Nueva Zelanda, Suecia, Canadá, Australia, Tailandia, España o del Reino Unido, entre otras, porque avanzan en la protección de derechos y de la dignidad humana.
Representante residente del PNUD en México